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¿Qué es un AIT?

De repente, el brazo derecho no responde. O el habla se vuelve torpe, como si las palabras se atascaran antes de salir. O la visión de un ojo se oscurece durante unos segundos. Y luego, igual de rápido, todo vuelve a la normalidad. En veinte minutos, en una hora, en dos horas: sin secuelas, sin dolor, sin nada visible. Y eso es exactamente lo que lo hace peligroso.

Un AIT (ataque isquémico transitorio) es una interrupción temporal del flujo sanguíneo en una arteria cerebral. El mecanismo es el mismo que en un ACV: un coágulo o un émbolo obstruye la arteria. La diferencia es que la obstrucción se resuelve antes de que el tejido muera. Las neuronas sobreviven. Los síntomas desaparecen. Pero el proceso que causó ese coágulo sigue ahí, activo, sin haber sido tratado.

La definición ha evolucionado. La clásica hablaba de síntomas que duraban menos de 24 horas. La actual, respaldada por los estudios de imagen, es más precisa: síntomas neurológicos focales de origen vascular sin evidencia de infarto en la resonancia magnética. El criterio de tiempo cedió ante el criterio biológico, porque cuando los síntomas duran más de una hora, muchos pacientes ya tienen tejido dañado visible en difusión, aunque clínicamente estén recuperados.

La recuperación clínica no indica recuperación tisular

Una proporción de pacientes con AIT tiene lesiones isquémicas visibles en la resonancia magnética de difusión, incluso cuando los síntomas se han resuelto completamente. Eso convierte al AIT en un diagnóstico que requiere imagen cerebral urgente, no solo observación clínica.

Esta información es educativa y no reemplaza la consulta con tu médico.